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El Diario El Comercio entrevistó al decano Dr. Johan Leuridan Huys, haciendo eco a la publicación de su más reciente libro, “El Sentido de las Dimensiones Éticas de la Vida”.

Compartimos a continuación la entrevista completa publicada en la sección Luces del diario El Comercio el pasado domingo 4 de diciembre.


DIATRIBA DE LA VULGARIDAD

Nuevo libro pone en la mesa el debate sobre el predominio de la cultura de la vulgaridad y el sentido de la ética en el veloz mundo actual.

Por Maribel de Paz

Rumbo al encuentro con el fraile dominico, desde la radio nos llega un revelador canto de dudosa carga poética: “Me pide que se lo ponga, que por dentro se lo esconda, que está ‘ready’ para otra ronda”. Ozuna: once millones de descargas en Spotify.

Para Johan Leuridan, decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres, nos encontramos inmersos en la “cultura de la vulgaridad”. De este y otros cucos versa su última obra: “El sentido de las dimensiones éticas de la vida”. Un libro que aborda la malignización del bien en una sociedad que a veces parece no ser más que una multitud de solos.

 

—Se habla hoy de una ética minimalista.
Ni siquiera, no hay ningún interés a nivel mundial por la ética, muchos la consideran una pérdida de tiempo.

— ¿Por qué no es una pérdida de tiempo?
La ética es un conocimiento fundamental para el hombre porque es lo que permite entender el sentido de la vida y cambiar la vida personal y de la sociedad. El mundo político y cultural debería hacer ver y sentir la ética. El mundo cultural actual, sin embargo, a veces es todo lo contrario de la ética, y pongo el ejemplo de Madonna, quien recomienda tomar drogas(1).

—Algunos podrían pensar que su mensaje es cucufato.
Lo podrían pensar, pero entonces no han entendido nada porque es evidente que la ética tiene su mejor desarrollo en dos grandes genios de la historia que son Aristóteles y Kant, los que más profundamente han escrito y pensado sobre la ética como el sentido para la vida humana, y no podemos llamar a esos grandes pensadores cucufatos. En el libro cito también a dos psicoanalistas peruanas que indican que la ética se define por tres situaciones: la familia, la enseñanza y los líderes de la sociedad.

Esos tres deben intervenir para cambiar la situación y, en primer lugar, los líderes de la sociedad: los líderes económicos, los líderes culturales y los líderes del Estado.

Las autoridades deben promover la buena enseñanza, pero no solo la científica y tecnológica, sino también la ética.

—Y sin embargo tenemos un ministro que no duda en ascender a su pareja para que trabaje en su propio despacho.
Él es producto de toda la sociedad, de toda una mentalidad. Tenemos asaltos, robos, engaños, estafas. Las autoridades deben promover la buena enseñanza, pero no solo la científica y tecnológica, sino también la ética.

— ¿Cuál es para usted la principal enseñanza de Aristóteles?
Aristóteles tiene la idea fundamental de que el hombre busca el bien, ese es su deseo profundo, busca realizarse y desarrollarse. Y una vez que el hombre ha fijado este bien, entonces fija normas de cómo lograrlo, ciertos sacrificios y exigencias. Kant, que es el filósofo de la conciencia del deber, dice entonces que una vez fijado el bien, el hombre pone la norma. Luego ya viene cómo aplicar la norma en una situación concreta. Esas son las tres grandes etapas de la ética.

— ¿Diría, sin embargo, que estamos en un proceso de deshumanización?
Sí, Marco Aurelio Denegri dice que el hombre está en un proceso de animalización.

— En el libro menciona que la masa busca ahora la individualización y todos terminan siendo iguales en su búsqueda de ser distintos.
Eso es producto de lo que Nietzsche ha llamado el fracaso de la modernidad. En los siglos XVII, XVIII y XIX se pensaba resolver todos los problemas de la sociedad por medio de la razón, y principalmente por medio de la razón científica, pero no lo lograron; y entonces Nietzsche dice que no podemos confiar en la razón. Una crítica exagerada. La razón no es perfecta, pero sí contribuye en algo. Si no hay razón, ¿qué le queda al hombre? Si no hay razón, no hay normas, no hay sentido.

— Decía Nietzsche que vivimos tratando de satisfacer aquellas falsas necesidades que nosotros mismos hemos creado. ¿Vivimos una desvinculación de la realidad?
Nietzsche era un profeta. Dijo lo que iba a ocurrir en el siglo XX y ocurrió. Para Nietzsche el superhombre es el que busca el desarrollo de sí mismo utilizando a quien sea, no hay ninguna norma, valor ni entendimiento con los demás.

— Usted nació en la ciudad de Brujas, en Bélgica, en setiembre del 37. ¿Cómo fueron esos años de infancia?
Brujas era una pequeña ciudad y hasta ahora lo es. En los momentos libres, como los domingos, leíamos; había una gran ansia por conocer, aparte del deporte y los movimientos juveniles. En casa, desayuno, almuerzo y cena siempre los tomábamos juntos, los padres con los hijos, había mucha conversación. Éramos seis hijos y teníamos una vida en común, aprendías a convivir con otros, a tratar a otros, y eso es importante.

— ¿La tecnología nos ha robado esa vida?
El celular.