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El religioso Johan Leuridan Huys reflexiona sobre los males de nuestro tiempo: la violencia, la crisis de valores y la falta de modelos y de líderes auténticos. Para el fraile predicador, anunciar la fe es también comprender y preocuparse por el hombre, su medio, sus adversidades y la ausencia de comunicación que se vive en esta época de alto desarrollo tecnológico.


Vivimos una época en la que no existe una verdadera relación humana porque la comunicación es superficial y de distracción, afirma el religioso belga, también teólogo con muchas distinciones por su labor académica y de promoción de la cultura, y actual decano de la Facultad de Ciencias de la comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres.

Esta es una de las grandes contradicciones del mundo contemporáneo: la comunicación se da al instante gracias a la televisión, Internet y a las redes sociales, pero el ser humano está cada vez más solo y aislado porque esa comunicación como la que se da en el plano de la interrelación personal no ayuda al entendimiento ni a la convivencia.

Las reflexiones del doctor Johan Leuridan Huys nacen de su estudio profundo de la filosofía y sociología que lo llevan a afirmar que “vivimos en la era del individualismo más puro y de la búsqueda de la buena vida, limitada solamente por la exigencia de la tolerancia (siempre y cuando vaya acompañada de un individualismo autocelebratorio y sin escrúpulos, la tolerancia solo puede expresarse como indiferencia).

Su comentario es firme cuando habla sobre lo que él define como “sociedad mediocre” que forma hombres también mediocres con mentalidad negativa. “Se han perdido los grandes ejemplos, ahora se busca que todos sean iguales, antes la gente se destacaba por sus actos, por sus ideales, por servir a los demás, y el almirante Miguel Grau fue uno de ellos. Pero, hoy en día se ha perdido el sentido del valor y prima lo material”, reseña el religioso.

“Desde hace unos 30 años se comenta sobre la crisis de valores. Estamos en una nueva cultura que ha deslegitimado la idea del autosacrificio; la gente ya no se siente perseguida ni está dispuesta a hacer un esfuerzo por alcanzar ideales ni defender valores morales; los políticos han acabado con las utopías y los idealistas de ayer se han convertido en pragmáticos”, afirma en su más reciente libro El sentido de las dimensiones éticas de la vida.

En su conversación con Velaverde, la autoridad universitaria sostuvo que la violencia y la ausencia de valores se dan a escala mundial, “situación que se ha acentuado en nuestros tiempos, donde hay una marcada indiferencia en torno al futuro de la juventud y el predominio de una cultura dirigida a entretener”.

Estamos en una sociedad de vulgaridad que atenta contra el primer principio de los derechos humanos: la vida.

“Vivimos tiempos de grandes desafíos porque estamos en una sociedad de vulgaridad que atenta contra el primer principio de los derechos humanos: la vida. Ahí están los casos de niños que matan a sus compañeros de clases, como ocurre en Estados Unidos; la amenazante presencia del narcotráfico, el crimen organizado, la trata de personas o el fanatismo religioso”.

En nuestro país, la violencia alcanza indicadores más que preocupantes por la ola de asaltos, robos, extorsiones, pandillaje, el feminicidio y la violencia doméstica, fenómenos ante lo cuales la salida policial no es suficiente porque –a decir del teólogo- lo que más se necesita es reflexionar sobre estos temas y conocer sus orígenes.

En su percepción, de lo que sucede en el mundo y en nuestra sociedad el fraile dominico cuestiona la falta de ética de los líderes, que muchas veces son impuestos por los medios como ejemplos de modelos. Es el caso de muchos artistas (y gente vinculada a los reality show) que promueven mediante el cine o la televisión el no sentido de la vida, el suicidio, la violencia y el sexo.

Admite, también, que el ser humano ha regresionado porque “la economía –cada vez más concentrada en pocas manos- impone al hombre una visión materialista y no se entiende que el ser humano no solo tiene necesidades económicas, sino también la urgencia de relacionarse con los demás, y eso implica tener ética”, enfatiza al insistir en la importancia de recobrar los valores y reflexionar sobre lo que significa establecer buenas relaciones humanas.

Sus críticas también van contra aquellos modelos educativos, que no imparten a los estudiantes un conocimiento humanista, que debe ser el soporte de toda formación. En los currículos y planes de trabajo se reduce cada vez más la enseñanza de las ciencias sociales y se elimina la filosofía. “Con esa metodología de enseñanza se formarán solo buenos tecnócratas, esclavos de los sistemas económicos, pero con muy pocas posibilidades de descubrir valores”.

En la familia es donde se inculcan los valores como el respeto, la colaboración y el sacrificio y cómo entenderse con sus semejantes

Leuridan Huys, a lo largo de su charla y en cada uno de las páginas de su libro, recoge el concepto defendido por muchísimos especialistas que ven en la familia la institución educadora por excelencia. “Ahí es donde se inculcan los valores como el respeto, la colaboración y el sacrificio y cómo entenderse con sus semejantes; y a la escuela le toca reforzar o debilitar lo aprendido en la familia”, aunque el dominico es consciente que no siempre se aprende de la familia porque, como institución, está en crisis.

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“En mi libro empiezo haciendo referencia a Aristóteles que se refiere a la familia utilizando la palabra ʹcasaʹ, un concepto que evoca el lugar donde diariamente se forma la persona, por la relación de amor que se establece entre el padre y la madre y que va a ser transmitida a los hijos; porque amor es hacer el bien al otro y sobre esta enseñanza se van a cimentar los otros valores”, puntualiza.

Publicado en la revista Vela Verde. Lunes 12 de diciembre de 2016. Página 40 y 41.
Escribe: Humberto García Garrido
Foto: José Víctor Anco