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Entrevista: Alonso Sotelo

Johan Leuridan explica en su libro, ‘El sentido de las dimensiones éticas de la vida’, el problema que afronta el mundo con el individualismo e indica cuán importante es la ética en el ser humano.

¿El hombre es capaz de diferenciar entre el bien y el mal? ¿Cuál es la problemática a nivel mundial? ¿Hay alguna esperanza para que se dejen de perder los valores? Esta y muchas otras incógnitas se pregunta el ser humano en un mundo que sufre cada día más las consecuencias de malas decisiones.

A pesar que se ve más hechos negativos que positivos, Johan Leuridan Huys, decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad San Martín de Porres, no pierde la esperanza y ve que hay un impulso en la sociedad para que vuelvan los valores.

Como bien lo dice la dedicatoria que antecede el índice del libro ‘El sentido de las dimensiones éticas de la vida’: “A la juventud peruana”. Una frase que debe hacer reflexionar a los demás para pensar y actuar diferente en un mundo que prima el individualismo del ser humano.

En la introducción del libro asegura que tanto el liberalismo y socialismo se han alejado de la filosofía del bien de Aristóteles. Ahora que las ideologías han muerto, ¿qué tendría que orientar al ser humano?

Han muerto las ideologías, pero no la filosofía. Tampoco la ciencia. El ser humano tiene la filosofía y ciencia a su servicio para conocer a dónde va el hombre. La filosofía abarca preguntas fundamentales como: ¿quién es el hombre’, ¿cómo podemos definir el hombre? y ¿cómo debe vivir?

¿El hombre ha perdido ese tipo de creencias a la filosofía o psicología?

En la modernidad cuando se cambia el sistema monárquico por el democrático, va a servir una desconfianza frente a la fe. Después, en la posmodernidad, que comienza a fines del siglo XIX e inicios del XX, se va a desconfiar también de la razón. Para Nietzsche hay una lucha por el poder, y no hay diferencia entre el bien y el mal, cada uno busca su bien a su manera.

En el capítulo I, habla de la gente que ya no está dispuesta a alcanzar sus ideales o valores, ¿eso es sinónimo de que estamos viviendo la etapa final del ser humano? ¿O hay cierta esperanza?

Hablamos de la crisis de valores de los últimos 30 años, la persona vive el individualismo que anunció Nietzsche. Hay una reacción en el mundo filosófico y político para poder recuperar esos valores y poder encaminar de nuevo a la persona.

Nietzsche indica que hay que vivir el momento y que todo es interpretación. ¿Qué sentido tiene la vida si Nietzsche tiene razón?

Hay gente que sigue creyendo en Nietzsche, pero hay que ver los resultados de este pensamiento. Si el hombre es el enemigo de otro hombre, ¿qué estamos viendo? Injusticias, corrupción, problemas desde las familias. Las consecuencias del pensamiento de Nietzsche son terribles.

Hay una pregunta que se hace usted en el libro y es “¿qué hace entonces que unos seres humanos transiten por un camino corrupto y otros no?”; y avala que “la respuesta obvia es la educación en la familia y valores de sus contactos comunitarios, principalmente del colegio”. ¿Cómo poder confiar en esas instituciones o en los profesores que podrían no ser virtuosos?

La fuente principal de la ética es la familia. Un niño nace totalmente desprotegido y este recibe bondad de toda la gente que lo rodea y progresivamente ese niño aprenderá a vivir con otros, porque sus intereses chocan con los intereses de las demás personas con las que vive. Entonces ahí aprende a distinguir entre el bien que recibe y de los problemas que recibe. La buena familia enseñará al niño a superar el mal por el bien, el amor sobre el odio. Lo que ocurre es que los gobiernos no dan importancia a la familia. Si hoy hay corrupción, interviene el Ministerio Público y el Poder Judicial para investigar y sancionar.

La sanción da miedo a otros para hacer lo mismo, pero esto no es suficiente. La persona humana debe tener buena voluntad para hacer el bien y esto lo aprende de la familia. Cuando el niño va al colegio, a veces hay mucha contradicción de lo que ha aprendido de la familia, y los gobiernos tienen la culpa por no preocuparse en una ley de educación y universitaria, para que vean el aspecto humano. Solo ven el desarrollo científico, aumentan las horas de clase y amplían las tareas. En los colegios o universidades debería haber cursos de ética, pero no existen y no hay interés para reforzar ese bien que recibieron de la familia.

En el capítulo II, indica que nadie nace con virtudes y uno llega a ser virtuoso. ¿Cómo poder aplicar la ética de las virtudes en una sociedad que no tiene bien definido la distancia entre el bien y el mal?

Hay muchas personas que están luchando en la sociedad para que la gente aprenda las diferencias entre el bien y el mal. Además de los profesores e instituciones educativas, los líderes de la sociedad deberían preocuparse por este tema.

Los liberales exigían tolerancia porque en la sociedad que estaban, regidos por la católica, no había espacio para ellos; y no había espacio para comportamientos diferentes. Situándonos a que existen diversas comunidades, ¿cómo podría ser viable fundar una sociedad virtuosa cuando hay una comunidad que tiene sus propios modos de vivir?

Es necesario respetar los diferentes modelos de vivir, de lo contrario no podría haber tolerancia. Si todos piensan igual, actúan igual; entonces no es necesario hablar de tolerancia. Para hablar de tolerancia hay que respetar la diferencia de credos, opiniones e ideologías. Ningún pensamiento puede ser dañino para la sociedad, y en ese caso, no puede haber tolerancia.

¿Habrá una sociedad virtuosa con un modelo económico satisfactorio para el ser humano?

El liberalismo y socialismo, fueron dos grandes intentos importantes y respetables, trajeron el bien y también problemas. Hoy en día se considera que se debe superar esos dos planteamientos y se debe recoger lo positivo de cada uno. El gran problema que se presenta es la ideología de la tecnocracia, donde vivimos en una sociedad dominada por el pensamiento tecnológico. Un pensamiento que solo piensa en producir y consumir.

¿Existe la posibilidad de un peligro de relativismo frente a la ética de las virtudes? Por más que el hombre sea virtuoso, puede haber ciertos sectores que le den otro significado a las virtudes y esto conllevaría a un círculo vicioso.

Permanentemente vamos a ver en la sociedad, gente que busca el bien y el mal. En cualquier lado hay gente positiva y negativa. Eso siempre se va a dar. La gente positiva debe luchar para que se respete los derechos humanos y debe haber voluntad para poder cumplirlos. No es suficiente reclamar la justicia, sino debe haber voluntad para hacer la justicia.

Hay un ejemplo que brinda donde dice: “si doy una limosna por compasión o por temor a ser criticado no obro moralmente. Para actuar moralmente uno debe hacerlo por deber”; pero decía que el hombre ha perdido la confianza en los demás, ¿cómo se puede actuar moralmente en un mundo de desconfianza?

La conciencia es un tema básico en la sociedad. Si no hay confianza no puede haber un entendimiento. Es la base de todo. Esta virtud básica se aprende en la familia y se debe desarrollar en todas las instituciones. El hombre debe entender que no puede haber un buen matrimonio si no hay confianza entre la pareja, que no puede haber una buena empresa si no hay confianza entre las personas que trabajan en la empresa.

Entrevista publicada en la edición digital de la Revista Caretas.